Seguridad, modernización de Carabineros y el rol del sector privado

Por Eduardo Vergara B., director de LabSeguridad.org

Uno de los principales desafíos del Gobierno del Presidente Piñera será la modernización de Carabineros. Modernización necesaria, teniendo en cuenta las nuevas demandas y la necesidad de actualizar los procedimientos policiales y prioridades. El Gobierno ya ha adelantado su deseo de que “Carabineros vuelva a sus orígenes como policía especializada y destinada a la prevención”. Recordó la necesidad de que el “corazón de Carabineros esté en sus comisarias más que en Dipolcares (sic), en las calles más que en sus oficinas”. Además, ha anunciado la iniciativa STOP, programa que redestinará los recursos policiales, en función de los patrones delictuales de cada zona del país.

Lo que el Gobierno está buscando, es mayor eficiencia, modernidad y eficacia en la labor que cumple Carabineros. La intención es buena y necesaria, nadie puede negar que mayor y mejor información es necesaria para modernizar la labor policial. Sin embargo, con cambiar el mando, tecnificar la labor policial y mandatar que Carabineros salga a la calle, no basta. No sacamos nada en saber dónde está el problema si no existe la capacidad de abordarlo. Es necesario liberar de ciertas tareas a Carabineros a través de la modernización de la seguridad privada.

Es más, estrategias similares han demostrado generar efectos adversos en el funcionamiento de la seguridad. Por un lado, la información suele nutrirse de las denuncias y cuando estas no reflejan la realidad delictual, los números, en ciertos casos, de poco sirven. Por otro, la necesidad de mostrar orden y control en las calles y espacios de concentración de personas, muchas veces termina generando efectos contrarios. Los mandos políticos no necesariamente distribuyen el personal policial donde más se le necesita, sino que, en casos, lo han hecho en los lugares donde la demanda grita más fuerte o donde hay más denuncias.

Ejemplos de esto sobran. Uno de ellos se dio en los estadios de fútbol profesional. No olvidemos que, en estos recintos, hasta 2012, Carabineros llegó incluso a cuidar el camarín del árbitro. Mientras que los clubes de fútbol gozaron de un subsidio a su negocio gracias a la presencia desproporcionada de Carabineros, el modelo permitió que internalizaran las ganancias y externalizaran las perdidas. Diversas poblaciones y barrios en todo Chile pagaron los costos. Esta lógica se extendió por años, pero, con mejores reglas y trabajo público privado, fue revertida.

Esta dependencia desproporcionada de contingente policial sigues estando presente hasta el día de hoy en una diversidad de eventos masivos como Lollapalooza y festivales en general, las maratones, la formula E y en diversas concentraciones de actividad comercial. Todas ellas, actividades con fines de lucro.

Es por esto que una de las respuestas se encuentra en el sector privado. Si aquí se hace un buen trabajo en seguridad privada, especialmente en lo preventivo, se liberarán valiosos recursos públicos para que una fracción de Carabineros salga de lugares como los estadios, los centros de actividad comercial y los eventos masivos, para “volver a sus orígenes”: A las calles, barrios y plazas.

Hay buenas noticias. El sector privado ha demostrado estar disponible a trabajar en conjunto, invertir en seguridad y modernizar sus sistemas. Sin ir más lejos, en los Centros Comerciales, los robos con violencia disminuyeron un 33% el año 2017 con respecto al año 2015, mientras que los robos con intimidación se redujeron 17% en el mismo período. El robo de cajeros automáticos mostró una reducción del 85,7% entre el 2011 y el 2017 y en las regiones donde se desarrollaron los comités de trabajo con empresas de buses y terminales, la disminución de los delitos de mayor connotación social en terminales el año 2017 fue de -22,8% en comparación al año 2015 y el 2017 continuaron a la baja. Estas cifras no son una casualidad, responden a las alianzas público-privadas con foco en la seguridad impulsadas en la administración anterior y a la voluntad de todos de co-producir la seguridad como una responsabilidad común.

 

Publicada en La Tercera.

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