El retorno de los militares a labores de seguridad pública

Por Eduardo Vergara B., Director de LabSeguridad.org

No fue parte del “acuerdo nacional” por la seguridad pública, tampoco ha sido parte de los debates públicos. Hace semanas el Gobierno viene avanzando en la creación de un nuevo equipo de trabajo para enfrentar los distintos delitos en la zona norte del país. A diferencia de esfuerzos anteriores, esta vez, se incluye a las Fuerzas Armadas. Chile no es el único país que cae en este error. El presidente Macri en Argentina ya hace más de un mes anunció un plan similar llamado Fronteras Protegidas. Un error profundo que ignora lo que hemos visto en otros países. La militarización de la guerra contra las drogas en México, la de las favelas en Brasil y la tan conocida intervención en Colombia. Los resultados de estos planes hablan de cientos de miles de muertes, profundas violaciones a los derechos humanos e incrementos en la violencia y la delincuencia. El 2017, México llegó a los 25 homicidios por cada 100.000 habitantes, el porcentaje más alto desde que se lleva registro. Al final del día, toda inclusión de militares a tareas de seguridad ciudadana ha generado más daños y muertes que la delincuencia misma. Es más, una vez que los países eligen la militarización, es prácticamente imposible volver a atrás.

Por ejemplo, ya hemos visto como las rondas masivas han servido principalmente intereses mediáticos. Tras analizar datos de Carabineros sobre las primeras 17 mil detenciones producto de las rondas masivas, vemos que solo el 11% corresponde a delitos violentos. El resto corresponde a delitos de fácil detención, pero de bajo impacto. Como resultado, vemos que el balance comparado de la seguridad durante el presente gobierno es preocupante. Los homicidios han aumentado en un 4%, las violaciones en 33% y el robo con violencia un 12.9%. Justamente los delitos donde debería estar el foco del trabajo policial, ya que son los más complejos y los que mayor impacto generan. Al mismo tiempo, en la Araucanía, el otro frente de “guerra contra el terrorismo” y donde el Comando Jungla ya se encuentra en plena operación, los ataques incendiarios han aumentado en un 56%. Con todo, el ministro del Interior ya tuvo que reconocer públicamente que ha habido un aumento de acciones violentistas en la Macro Zona Sur.

La decisión de incluir militares en tareas de seguridad pública no solo ignora nuestras historias recientes y el doloroso camino que hoy siguen recorriendo una serie de países latinoamericanos, sino que por sobre todo demuestra una incomprensión sobre las causales y soluciones para reducir fenómenos asociados con la delincuencia, el crimen organizado y el narcotráfico.

Mientras que la desigualdad y la falta de oportunidades son algunas de las múltiples causas que explican estos fenómenos, se continúa castigando a los más jóvenes y vulnerables. Esto alimenta eficientes sistemas que dan nacimiento a soldados y personas desechables para el crimen. Es así como la relación Estado – crimen organizado, se transforma en una asociación ilícita en beneficio de la criminalidad. Sobre esta dinámica, la militarización activa la sobrevivencia, se esfuma el valor de la vida y se inician múltiples luchas de poder bajo lógicas de guerra. No debería ser necesario que ahondemos en lo que eso significa. Balances de sangre, muertes y sufrimiento están esparcidos por toda nuestra historia y el continente.

Para revertir este predecible mal resultado se debe avanzar en dos frentes. Por un lado, los esfuerzos deben estar puestos en las causas estructurales sin dejar de lado la acción de control siempre que esté principalmente enfocada en los eslabones más fuertes y no los más débiles. Mejorar la inteligencia, fortalecer las instituciones policiales, las de justicia, el rol preventivo de las municipales y la coordinación de los esfuerzos del gobierno para evitar que el poder del narco siga creciendo y corrompa. Por otro lado, ya es momento que la oposición deje de lado sus trabas históricas frente a la seguridad, termine con la culpa y sea capaz de una vez por todas de generar propuestas que sean electoralmente atractivas, exitosas en la práctica y por sobre todo que incluyan las variables de igualdad y humanidad.

La participación de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública, puede pasar a la historia como uno de los mayores errores que se han cometido en Chile en lo que a seguridad ciudadana se refiere. En tiempos de reflexión nacional, vale la pena abrir este debate.

___También publicado en La Tercera

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